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IAG en publicidad audiovisual: lo que las agencias esperan que sepas antes de empezar.

  • 8 ene
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 9 ene

Por: Dr. Ricardo Ignacio Prado Hurtado, Profesor investigador del Centro de Investigación para la Comunicación aplicada.



La Inteligencia Artificial Generativa (IAG) dejó de ser una una curiosidad en la industria publicitaria hace mucho tiempo: ahora está reconfigurando los flujos de trabajo en agencias y productoras, desde la ideación hasta la previsualización y la producción de piezas audiovisuales. En este contexto, los estudiantes de comunicación, publicidad, entretenimiento y cine tiene una ventaja estratégica: puede egresar con un portafolio donde la IAG no sea truco, sino método, dominando la creación de imágenes y, cada vez más, la generación y control de video. Pero esa preparación no ocurre por accidente: exige experimentación constante, práctica deliberada y, sobre todo, un anclaje firme en la praxis tradicional.

 

Hoy, además, conviene decirlo sin rodeos: las agencias y las marcas no están esperando a que llegues a aprender IAG ya contratado. Están seleccionando a quienes ya traen un camino recorrido: horas de prueba y error en casa, en tiempo de ocio, en proyectos universitarios, en piezas propias y en exploraciones personales que demuestran músculo creativo. La velocidad del avance tecnológico convirtió la IAG en una competencia real: se elige a quien resuelve de manera más novedosa, a quien ya conoce herramientas emergentes, y también a quien sostiene todo eso con formación teórica sólida para no depender de recetas pasajeras. Por eso, la recomendación es clara: trabajar con IAG antes de entrar al campo profesional, construir portafolio y criterio desde ahora, no cuando se necesite.

 

La regla mínima es simple: practicar todos los días. La segunda es menos obvia: practicar también los procesos análogos. Storyboard, animatic, dirección de arte, continuidad, iluminación, referencias visuales, ritmo de montaje, diseño sonoro. Quien no ha aprendido a pensar en planos difícilmente logrará pedirle algo preciso a un modelo generativo. En video, la IAG no sustituye al director: lo obliga a ser más director, porque el mejor plano sigue naciendo primero en la cabeza de alguien que entiende el lenguaje audiovisual.

 

Aquí entra el punto crítico: la IAG profesional depende del vocabulario técnico. Si no conoces la profundidad de campo, no sabrás pedir foco selectivo; si no distingues un gran angular (24–35 mm) de un teleobjetivo (85–200 mm), tu “cinematografía” será genérica; si no dominas encuadres y tomas (plano general, medio, primer plano; picado/contrapicado; travelling, paneo), el resultado tenderá a lo aleatorio. La diferencia entre un video profesional y uno de plantilla suele estar en esas decisiones casi invisibles.

 

Por eso conviene pensar la IAG como una cadena de prompts, no como un prompt milagroso: (1) concepto y tono, (2) style frames, (3) parámetros de cámara y luz, (4) consistencia de personajes/arte, (5) movimiento y continuidad, (6) corrección y acabado. Documentar cada paso, prompts, versiones, referencias, decisiones, ajustes, se vuelve parte del oficio, igual que antes lo fue archivar LUTs, presets o capas de postproducción. En investigación sobre creación con IA aplicada a la creatividad audiovisual, se observa justamente esa idea: herramientas potentes, sí, pero que requieren workflow, control y criterio para integrarse sin perder intención autoral.

 

Hay una condición ética y profesional ineludible: saber usar IAG “bien” incluye saber usarla inteligentemente. En audiovisual entran en juego derechos, consentimiento, transparencia, riesgos de deepfakes, sesgos y la obligación de no normalizar prácticas opacas.  En síntesis: la IAG puede acelerar la ejecución, pero solo el dominio del oficio (teoría + técnica + práctica) garantiza que el resultado final sea intencional, distintivo y sólido… y que “no se note” la herramienta, como antes ocurrió con Photoshop o el CGI: cuando se usan bien, potencian el lenguaje. Sin perder de vista que el avance tecnológico es tal, que puedes empezar un proyecto complejo de video hoy y al terminarlo en un mes ya tendrá una estética obsoleta.

 

En ese escenario, el hábito más inteligente es llegar antes: experimentar, fallar, iterar y documentar cuando aún estás en formación. Lo que antes era “ventaja” hoy es “piso mínimo”: quien ya practica IAG de forma sostenida, sin abandonar teoría, técnica y procesos análogos, llega a una agencia no a descubrir la herramienta, sino a producir con criterio y talento

desde el día uno.


 

Referencias

 

Amnesia Creativa. (s. f.). Inicio [Canal de YouTube]. YouTube. Recuperado el 8 de enero de 2026, de https://www.youtube.com/@AmnesiaCreativa.

 

Amnesia Creativa. (s. f.). Amnesia Creativa [Sitio web]. Recuperado el 8 de enero de 2026, de https://amnesiacreativa.mx/.

 

Arévalo-Martínez, R.-I., Del Prado Flores, R., & Prado-Hurtado, R. I. (2025). Ethical Considerations in the Use of Artificial Intelligence in the Audiovisual Field. En A. Baraybar-Fernández, S. Arrufat-Martín, & B. Díaz Díaz (Eds.), The AI Revolution: How Technological Developments Affect the Audiovisual Sector (pp. 27–42). Springer. https://doi.org/10.1007/978-3-031-80411-3_3

 

Cui, W., Liu, M. J., & Yuan, R. (2025). Exploring the Integration of Generative AI in Advertising Agencies: A Co-Creative Process Model for Human–AI Collaboration. Journal of Advertising Research.

 

Zhang, R., et al. (2025). Generative AI for Film Creation: A Survey of Recent Advances. CVPR Workshops.

 

 

 

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