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Bullies no pasan: cuando el historial te cierra la universidad.

  • Foto del escritor: Ricardo Ignacio Prado Hurtado
    Ricardo Ignacio Prado Hurtado
  • hace 6 días
  • 4 Min. de lectura

Por: Dr. Ricardo Ignacio Prado Hurtado, Profesor investigador del Centro de Investigación para la Comunicación aplicada.


En 2025, seis de las diez universidades nacionales más prestigiosas de Corea del Sur rechazaron a 45 aspirantes con expedientes académicos excelentes debido a que tenían antecedentes formales de violencia escolar y bullying. A partir de 2026, todas las universidades del país estarán obligadas a considerar estos registros en sus procesos de admisión; el mensaje es claro: “bullies need not apply”.

Desde la mirada de Michel Foucault, el examen escolar nunca es solo una prueba neutra: es un dispositivo de poder que clasifica, distribuye oportunidades y produce sujetos normales o desviados. Al incorporar el historial de bullying al expediente que decide la entrada a la universidad, Corea convierte la violencia escolar en un criterio de exclusión tan relevante como las calificaciones. El archivo disciplinario no solo recuerda lo que hiciste; puede cerrar puertas laborales y profesionales durante años.

La medida responde a un problema serio. La literatura científica muestra que sufrir bullying en la infancia se asocia con mayor riesgo de depresión, ansiedad, estrés postraumático y otros problemas de salud mental en la edad adulta. Pero también hay una continuidad inquietante: quienes ejercen agresión en la escuela tienen más probabilidad de reproducir conductas violentas o abusivas más adelante, ya sea en relaciones íntimas, en la crianza o en el trabajo. Un estudio longitudinal británico incluso encontró que los niños con conductas agresivas y de intimidación tendían a ocupar, décadas después, puestos mejor pagados en entornos laborales competitivos, llevando consigo estilos de interacción marcados por la dominación. Dicho de forma directa: el que fue bully en la secundaria tiene altas probabilidades de convertirse en jefe tóxico o colega agresor si nadie interviene. Las universidades coreanas intentan cortar ese hilo, enviando una señal de responsabilidad a largo plazo: las violencias ejercidas en la adolescencia no quedan “borradas” al terminar el bachillerato.

Si leemos este caso con Michel de Certeau, podemos distinguir entre la estrategia institucional, el rediseño de las reglas de admisión, y las tácticas de los actores cotidianos. La estrategia dice: quien tenga sanciones graves por violencia verá reducido su puntaje o será rechazado. Pero en el terreno de las prácticas escolares se despliegan tácticas diversas: víctimas que usan redes sociales para documentar agresiones, docentes que deciden si levantan o no un acta, familias que presionan para minimizar los hechos. La política no elimina el juego de fuerzas; lo reordena y abre nuevos espacios de negociación, opacidad o resistencia.

Frente al enfoque correctivo coreano, Dinamarca ofrece un contrapunto preventivo. Este país figura de manera constante entre los más felices del mundo según el World Happiness Report, gracias, entre otros factores, a altos niveles de confianza social y baja corrupción. Desde 1993, el sistema educativo danés incluye una hora semanal obligatoria llamada Klassens tid para estudiantes de 6 a 16 años, centrada en hablar de problemas del grupo, practicar la escucha, resolver conflictos y aprender a ponerse en el lugar del otro. Diversas fuentes señalan que esta apuesta sistemática por la empatía se asocia con tasas de bullying muy bajas en comparación con otros países europeos, altos niveles de confianza interpersonal y un fuerte sentido de seguridad en las comunidades. Aquí el currículo no solo evalúa lo que el alumnado sabe, sino cómo se relaciona: cooperar, cuidar, pedir ayuda. Si Corea endurece la selección en la puerta de entrada a la universidad, Dinamarca intenta moldear, desde la primaria, las microprácticas cotidianas donde nace o se frena la violencia.

De Certeau nos ayuda a leer Klassens tid como un espacio donde se trabajan las artes de hacer de la convivencia: los pequeños gestos de apoyo, negociación, humor o contención que no suelen aparecer en los reglamentos pero que sostienen la vida social. En lugar de esperar a que el bullying genere expedientes, la escuela danesa entrena tácticas de cuidado y resolución de conflictos que luego se trasladan a la familia, al barrio y, eventualmente, al entorno laboral.

            Si volvemos a Foucault, tanto Corea como Dinamarca ponen en evidencia que la educación es un terreno donde se juega la producción de sujetos: o bien individuos altamente competitivos a quienes se les pide, tardíamente, que rindan cuentas por la violencia ejercida; o bien ciudadanos formados desde pequeños en la empatía y la corresponsabilidad. Ninguno de los modelos es perfecto, pero juntos muestran que el bullying no es un asunto privado entre alumnos, sino un problema de salud pública y de organización del poder en la sociedad.

            Para países como México, donde el mobbing laboral y la violencia escolar conviven con sistemas de evaluación centrados casi exclusivamente en exámenes, estas experiencias sugieren una hoja de ruta que puede expresarse en tres movimientos encadenados. Primero, reconocer formalmente el daño del bullying y sus efectos de largo plazo, incorporándolo en diagnósticos, protocolos y estadísticas. Segundo, integrar la conducta ética y relacional en los criterios de ingreso a programas de alta responsabilidad, de modo que la excelencia incluya también la capacidad de cuidar a otros. Y, tercero, invertir de manera temprana en educación socioemocional, no como asignatura decorativa, sino como núcleo de la formación. Porque, al final, la pregunta no es solo quién entra o no a la universidad, sino qué tipo de personas, y de jefes, colegas y ciudadanos, estamos ayudando a formar cuando permitimos, o no, que el bullying quede impune.

 

Referencias

 

Adecco Group. (2020, 1 de septiembre). Empathy in Denmark: In Denmark, they’re learning it in school. The Adecco Group.

 

Arseneault, L. (2018). Annual Research Review: The persistent and pervasive impact of being bullied in childhood and adolescence: Implications for policy and practice. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 59(4), 405–421.

 

Crokidakis, N. (2025). A mathematical model for the bullying dynamics in schools. arXiv.

 

De Certeau, M. (2000). La invención de lo cotidiano. 1. Artes de hacer (A. Pescador, Trad.). Universidad Iberoamericana. (Obra original publicada en 1980).

 

Foucault, M. (2002). Vigilar y castigar: Nacimiento de la prisión (A. Garzón del Camino, Trad.). Siglo XXI. (Obra original publicada en 1975).

 

Nielsen, M. B., Tangen, T., Idsoe, T., Matthiesen, S. B., & Magerøy, N. (2015). Post-traumatic stress disorder as a consequence of bullying at work and at school: A three-wave longitudinal study. American Journal of Public Health, 105(11), e82–e88.

 

The Straits Times. (2025, 4 de noviembre). Bullies need not apply: South Korean university applicants rejected for school violence records.

 

World Happiness Report. (2025). Country rankings 2025. Sustainable Development Solutions Network.

 

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