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Entre pantallas, algoritmos y promesas de futuro: juventudes en la ecología mediática de la IA

  • Foto del escritor: Jorge Alberto Hidalgo Toledo
    Jorge Alberto Hidalgo Toledo
  • hace 6 días
  • 3 Min. de lectura

Dr. Jorge Alberto Hidalgo Toledo

Human & Nonhuman Communication Lab, Facultad de Comunicación, Universidad Anáhuac México


Los medios cambiaron al mundo y con ello, cambiaron también a las audiencias. Los estudios de consumo mediático dejan ver cómo desde sus inicios los estudios de comunicación notaron el impacto que estaban teniendo los medios en la manera como se comprendían y vivían los derechos de los niños y jóvenes. En su condición de inmadurez biológica e intelectual se les contempló como audiencias vulnerables y altamente expuestas a contenidos cargados de violencia, lenguaje explícito y promotores de actividades propias de la vida adulta. De esta visión proteccionista se pasó al estudio de la relación de los medios como articuladores de la realidad social.


Desde mediados del siglo pasado, crecer significó hacerlo rodeado de pantallas, narrativas mediáticas y tecnologías que ofrecían no sólo información, sino formas de estar en el mundo. La experiencia juvenil dejó de explicarse únicamente desde la biología o la psicología para inscribirse en un entramado sociocultural complejo, donde los medios operan como verdaderas interfaces existenciales. No se trató simplemente de consumir contenidos, sino de habitar universos simbólicos que enseñaron a sentir, desear, temer y proyectarse.


Los medios se convirtieron así en espacios de socialización ampliada, en escenarios donde los jóvenes aprendieron a negociar identidades, pertenencias y diferencias. Esta condición mediatizada hizo visible que la juventud no es un dato natural, sino una construcción relacional que se redefine en diálogo permanente con tecnologías, industrias culturales y contextos históricos.


En ese tránsito, la telemediatización y la conectividad global abrieron oportunidades inéditas de expresión y participación, pero también instalaron nuevas vulnerabilidades, ahora menos evidentes y más sofisticadas.


La urgencia de formar pensamiento crítico, activo y propositivo emergió cuando se hizo claro que el entorno reticular no era neutro.


Los jóvenes, inmersos en un clima de individualismo, consumismo y crisis de las instituciones tradicionales, encontraron en los medios un espacio de anclaje simbólico más estable que muchos dispositivos sociales clásicos. Allí se amplificó la vida urbana, la corporalidad, el gusto, la estética y la performatividad del yo.


Comprender esta ecología exige reconocer que los medios dotaron a los jóvenes de capitales diversos (culturales, sociales, simbólicos y políticos) que les permiten acceder, poseer y circular sentidos. En ese proceso, lo juvenil se volvió metáfora del cambio social: movilidad, negociación, apropiación de territorios materiales e inmateriales, y trazado de nuevas rutas de significación. Los medios dejaron de ser simples canales para convertirse en marcadores identitarios y redes de definición de la experiencia.


Hoy, esta ecología se ha complejizado con la irrupción de la inteligencia artificial. Los algoritmos no sólo distribuyen contenidos; aprenden, predicen y recomiendan, modelando sensibilidades y anticipando deseos. La condición mediatizada se desplaza hacia una condición algorítmica, donde la identidad juvenil se configura también en diálogo con sistemas no humanos que clasifican, jerarquizan y sugieren. La pregunta ya no es únicamente qué consumen los jóvenes, sino cómo son leídos, traducidos y reescritos por sistemas inteligentes que participan activamente en la producción de realidad.


En este nuevo horizonte, la mediósfera, como la pensó Régis Debray, se entrelaza con la mediópolis de Roger Silverstone, la tecnópolis de Neil Postman y la ciberpolis descrita por Zygmunt Bauman. Estos conceptos nombran un mismo espacio híbrido donde lo físico, lo virtual y lo mental se superponen. La inteligencia artificial intensifica esta hibridez: acelera tiempos, disloca espacios y redefine la agencia, planteando dilemas éticos sobre autonomía, autorregulación y dignidad.


Las ciberculturas juveniles extienden hoy sus prácticas en entornos hipermediales donde vida y pantallas engranan sin fricción aparente. Cada conexión reactualiza sentidos, cuestiona pertenencias y ensaya nuevas formas de sociabilidad. Sin embargo, también expone a los jóvenes a lógicas de automatización del gusto, estandarización del deseo y delegación de decisiones en sistemas opacos. La alfabetización mediática se vuelve entonces inseparable de una alfabetización algorítmica y ética, capaz de devolver agencia y conciencia en un entorno gobernado por datos.


Repensar a los jóvenes en esta ecología implica asumir que el espacio mediático es hoy espacio del ser: un lugar donde el yo se presenta de forma híbrida, atemporal, hiperconectada y simbólicamente gravitada.

La inteligencia artificial no inaugura esta condición, pero la profundiza, obligándonos a revisar nuestras categorías de inclusión, participación, juego, aprendizaje y libertad de expresión. En ese cruce entre humanidad y técnica se redefine el sentido mismo de lo social.


Jóvenes, medios y cultura son la triada que está detonando una nueva revolución simbólica/antropológica que nos obliga a repensar las preguntas básicas alrededor de la persona y su lugar en el mundo.

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