La inteligencia artificial (IA) se ha presentado como una herramienta con gran potencial para promover la inclusión social, educativa y laboral. Sin embargo, este potencial solo puede concretarse si su diseño, implementación y uso se realizan de manera ética y responsable. De lo contrario, la IA corre el riesgo de generar una inclusión meramente superficial, que aparenta equidad pero que, en la práctica, reproduce o incluso profundiza desigualdades existentes. Para asegurar u